Creo que ya os he comentado alguna vez la gracia que me hace esa sensación de que aquí, en una universidad Americana, parece que todo el mundo está preocupado por decirle a los estudiantes cómo tienen que hacer hasta las cosas más mundanas: ¡Haz amigos! ¡Métete en algún equipo o club! ¡Cuidado con la depresión postvacacional! Y cómo no, llegadas estas fechas (para los que no estéis familiarizados con el calendario académico aquí en América, estoy a sólo diez días de que acabe el curso) también hay alguien que cree que hace falta una recomendación como esta:
Es tu oportunidad para relajarte antes de los finales.
El cartel estaba colgado por dentro en la puerta del edificio en el que trabajo. Me ha hecho gracia. Pero más gracia todavía me ha hecho la vista que había nada más salir por esa puerta.
Estudiar, no sé si estudiarán, pero parece que se toman en serio las recomendaciones que les hacen.
Me explicaban el año pasado en clase cómo en Estados Unidos habían trabajado siempre por asegurar una defensa escrupulosa de la Libertad de Expresión. Para ello, dieron en 1966 con la Freedom of Information Act, que regulaba la Libertad de Información. Aunque muchas veces se utilicen como sinónimos, existe una significativa diferencia entre ambos términos. Mientras la libertad de expresión me protege para que no se me pueda perseguir por motivo de las ideas que tengo o que publico, la libertad de información especifica que para que yo pueda ejercer esa libertad de expresión se me debe permitir el libre acceso a la información que tenga el gobierno. Se pretende con esto que los documentos gubernamentales clasificados como secretos sean la excepción y no la norma general. Es en virtud de este derecho como se consiguió, por ejemplo, desbloquear la publicación de cientos de fotografías relacionadas con los caídos en Iraq.
Es de imaginar el impulso que se le puede dar a esta norma con el uso de la difusión en formato digital a través de Internet de los datos almacenados por organismos públicos. Desde nuestro navegador podemos acceder a las bases de datos de ciudades como Washington D.C., San Francisco o incluso a las del propio gobierno federal a través de su portal Data.gov.
Lo verdaderamente interesante no es esta colección de datos en bruto, que pocos de nosotros vamos a utilizar. Lo bueno es la imaginación de muchos que han decidido empezar a hacer cosas de todo tipo con esos datos. En Stumble Safely han utilizado los datos de delincuencia de la ciudad de Washington para ofrecer rutas seguras para volver a casa después de salir de copas (el nombre, traducido como "tropieza con seguridad" se hace especialmente adecuado). En Clean Scores puedes consultar los datos de la inspección de sanidad del restaurante al que quieres ir a cenar. Por su parte, Trees Near You te ofrece información de los cerca de "500.000 árboles que cobren las aceras de la ciudad de Nueva York." Y si nos sigue picando la curiosidad podemos echar un vistazo a Apps for Democracy que plantea una competición de aplicaciónes a partir de las bases de datos de Washington D.C. Sin duda es un gran avance el hecho de que como ciudadanos podamos tener toda esta información a nuestra disposición. ¿Me pregunto si se podría exigir lo mismo en España?
De Chicago ya escribí por aquí así que hoy me voy a centrar sobre todo en fotos, que salieron unas cuantas bastante chulas (el resto podéis verlas en mi colección de Obture). Sólo un apunte rápido, y es que en Chicago se puede ver claramente cómo ha evolucionado la arquitectura en el siglo XX. A comienzos de siglo, se pensaba que había que ocultar el interior, cubriendo la fachada con materiales más bonitos que los que componían la estructura, como la piedra. Son edificios con muchos adornos y ventanas más pequeñas. Sin embargo, más adelante y con la llegada a Chicago de los exiliados de la Bauhaus surge la idea de que, al contrario, estos nuevos materiales como el vídrio y el acero son bonitos y deben ser mostrados. Se dejan de adornos y trazan volúmenes muy limpios y geométricos, dejando a la vista el interior del edificio a través del cristal. A ver si adivináis de cúal es cada uno:
Vista de Monroe St. desde la pasarela que une Millenium Park con la ampliación del Chicago Art Institute.
Esa escultura a los pies del edificio es de Picasso.
Millenium Park desde la antigua Biblioteca Publica de Chicago.
Esta escultura conocida como "The Bean" se ha convertido en uno de los símbolos de Chicago.
Impresionantes estos dos rascacielos que se encuentran cerca de Union Station, una de las estaciones de tren de Chicago.
Cuando hace falta construir una cárcel en el centro de Chicago, esto es lo que sale. Me encanta.
Las típicas vías del metro construidas en una estructura de acero justo por encima de la calle.
En el Macy's ya están preparados para la campaña de navidad.
No sé si éste dicho ya existe o estoy a punto de inventármelo pero el hecho es que no se puede saber lo que es ser americano hasta que no has comido como uno de ellos. De eso es de lo que que se encargan en Giordano's, la pizzería más popular de Chicago donde el plato estrella es la Deep Dish Pizza o como también la llaman por aquí pizza al estilo de Chicago.
Si este monstruo asusta a la vista podéis empezar a imaginar lo que es comerlo. A mi me recuerda a ese capítulo de Los Simpson en el que Homer se mete a crítico gastronómmico y para acabar con él le preparan un pastel con "tanto chocolate que se hace tan denso que ni la luz puede escapar de él." Esto es lo mismo pero con queso. Si todavía os queda alguna duda, esa altura no es que sea una masa muy gorda. En vez de eso imaginaros una masa normal que han levantado en los bordes para rellenar todo el hueco que se hace de queso, tomate y lo que quieras ponerle. Espectacular, si alguna vez acabáis por aquí no dejéis de probarlo.
Creo que ya os lo he contado alguna vez, pero algo les pasa a los Americanos con España. El otro día en una fiesta, un compañero mío le confesó a dos americanos de donde vengo y se pusieron a reír y a mirarme alucinados, como Beavis y Butthead en sus tiempos mozos. Eso sí, la conversación me reveló un poco de qué será eso que nos ven a los españoles.
Americano 1: (con una sonrisa idiota) Buenoooo, ¡español! Ahí sí que sabéis hacer fiestas de verdad ¿no?.
Español: (Pensando que sí) Hombre, no sé, al final son fiestas. ¿Por qué lo decís?
Americano 2: ¡Porque allí tenéis chicas desnudas!
Español: ¿Ah sí? ¿Y quién os ha contado eso?
Americano 1: ¡La tele!
Español: Tiene gracia, unos amigos míos de España me acaban de preguntar lo mismo sobre las fiestas aquí.
Ya lo veis, no es solo que nos tomen por los reyes de la fiesta y la siesta. Si no que parece que alguien se ha dedicado a contarles las mismas cosas que nos han contado a muchos de las fiestas americanas. A quién se le ocurre...
Ya os escribí un post bastante majo sobre la experiencia de un partido de fútbol. El sábado volví a bajarme al campo y esta vez lo que me he traído es una colección de fotos de las que estoy muy contento y que también podéis disfrutar en mi perfil de Obture (cuando funcione, que ahora está caído :S). Así que hoy me quito de palabras y os dejo estas fotos para que las disfrutéis.
El marcador en el segundo cuarto del partido.
Números retirados en homenaje a los mejores jugadores de los IWU Titans.
Dos equipos. A un lado y de verde el equipo local; al otro, la grada visitante teñida de naranja.
El equipo de Wheaton se retira al vestuario en el descanso.
Dos jugadores de Wheaton.
El equipo arbitral se retira al vestuario en el descanso.
Los IWU Titans salen del vestuario para remontar el partido.
Y de regalo esta imagen que he tratado para que parezca un falso Tilt Shift, que creo que me ha quedado bastante lograda. Ya me diréis.
Partido de fútbol americano entre Wheaton e IWU Titans, tratado con la técnica tilt shift.
Esto hace unos días que os lo quería enseñar y es que será que fue Halloween, pero el otro día cuando cuando fui a comprar champú, el marketing de poner las golosinas al lado de la caja pudo conmigo y me llevé algo dulce para hacer boca. Compré un par de "Reese's Peanut Butter Cups."
Pero si queréis entender de verdad qué hay dentro de estos bonitos paquetes naranjas debéis recordar que estamos hablando de Estados Unidos, ese país cuyos mayores aportes a la gastronomía mundial han sido el ketchup, la coca-cola y la salsa barbacoa (y no olvidemos que esta última es mezcla de las otras dos). Pues bien, no sé de quién fue la idea pero sólo pudo ser un americano el que hizo una chocolatina... con corazon de mantequilla de cacahuete (espectacular).
Por si alguno lo había olvidado, aquí se celebró la fiesta de Halloween el pasado sábado (¿os acordais? aquella fiesta que salió mal) y como de costumbre, al vivirlo he entendido muchas cosas. Tenía a mi alrededor a varias personas recordándome que Halloween era su fiesta preferida de todo el año y yo todavía me preguntaba: ¿qué le veran? Tampoco parece para tanto.
Pues imagino que la cosa empieza cuando uno es pequeño. Recordemos que aquí no se celebra el carnaval como por España, así que Halloween es la oportunidad para salir disfrazado a la calle sin que nadie te mire raro. Aparte eva el hecho de que puedas ir por cada casa del vecindario llamando a la puerta, confiado de que en vez del vecino malhumorado de siempre te va a recibir un hombre simpático dispuesto a darte caramelos (sé que eso suena fatal, pero no olvidemos que van acompañados por los padres).
Cuando te haces mayor la cosa no hace más que ganar en interés. Te vas quitando de la tontada de ir a pedir caramelos y te dedicas a gastar bromas a tus vecinos, a ir a alguna casa de fiesta y, por supuesto, en el momento en que entras en la Universidad, a beber todo lo que no has bebido hasta ahora (con el aliciente de emoción que supone hacerlo por debajo de la edad legal).
Y si alguno todavía se pregunta "bueno vale, pero aquí ¿qué se celebra?" es que ni lee mi blog ni se ha molestado en hacer click. Por eso lo explicaré una vez más: el negocio. Es así como se mueve este pais. Así que si la noche del 31 de octubre te tienes que disfrazar de bruja, ya se encarga el Walgreens (el supermercado/farmacia de la esquina; algún día os explicare esto) de reservar un pasillo entero durante dos semanas con todos los utensilios imaginables para Halloween; como se encarga la gente como los que viven en mi residencia de consumirlo, pasándose toda la semana anterior deseándote feliz Halloween, pegando calabazas y fantasmas por la pared y dejándote caramelos en el buzón.
En fin, que básicamente hay dos cosas que me aterran de Halloween. Pensar en la posibilidad de El Corte Inglés descubriendo esta fiesta, porque entonces en España estaremos jodidos (ya empezamos a estarlo, por lo que veo). Y que la Coca-Cola se fije también en esto, porque me va a resultar muy difícil asumir que las calabazas en realidad no son naranjas sino rojas.
Los americanos se sorprenden cuando les cuento que Halloween no se celebra en España. Normalmente me toca matizar. Efectivamente, sabemos lo qué es porque lo hemos visto en infinidad de películas y series. Además, también es cierto que poco a poco en España empieza a aparecer cada vez más gente disfrazada el 31 de octubre. Sin ir más lejos mi hermana lleva ya unos años escapándose a casa de una amiga, en una urbanización de Salamanca donde pueden celebrar el Halloween más tradicional: se disfrazan, piden caramelos, no duermen en toda la noche... lo típico.
El caso es que por aquí, en una reunión para todos los estudiantes internacionales de primer año con gente de China, Israel, Japón, Ghana, Nigeria, Nepal, Pakistán... no todos sabían lo que era así que Reenie que es la que está al cargo de la oficina internacional tuvo que pararse a explicarlo. Lo hizo de una manera sencillamente genial:
Halloween es otra de esas fiestas religiosas que aquí salió mal. En principio tenía la intención de honrar a los muertos pero se ha convertido en disfrazarse de cosas que den miedo como brujas, monstruos o políticos, salir a pedir caramelos y desmadrarse como pocas veces a lo largo del año. Lo que no sé es cómo se llegó a eso, igual que tampoco sé cómo se llegó de la Navidad a señores vestidos de rojo o cómo se llegó de la Semana Santa a conejitos y huevos de chocolate.
No sé cómo irá la cosa por España pero aquí también están todos locos con la gripe A. Tanto que, aunque ya sabemos de sobra que esta variante es menos mortal que la tradicional, mirad qué conversación acabo de escuchar según iba a coger la cena.
Persona 1: No me quiero acercar a él porque me han dicho que tiene gripe A.
Persona 2: No, no, lo que tiene es gripe, la normal.
Persona 1: ¡Ah bueno! Entonces me da igual.
¡Vaya! Veo que más de uno lo que necesita es unas clases de estadística.
Hemos estado en la oficina de tráfico para hacernos el carnet de identidad del estado de Illinois y mirad que simpática mascota tenía mi tarjeta para esperar el turno. ¡Qué elección de los colores! ¡Y de la tipografía! ¿Y qué me decis de elegir una rueda como mascota para algo de tráfico? ¡Brillante!
Hoy, en hable con ellos, un par de cosas que me han dicho muy divertidas. Una de ellas me la dijo un japonés pero la pongo de todos modos porque muestra lo que es para algunos un español por estas tierras. Me parece divertida la visión que tienen de nosotros.
Tío eres español. Solo tienes que hacer tres cosas. Primero, decir "Hola." Segundo, decir "Soy de España." Y tercero: "Me llamo Raúl." Y ahí es cuando la chica se desmaya.
Parece que ese sexappeal que le asociamos a determinadas personas sólo por venir de un determinado país (como Argentina o Italia para los españoles, por ejemplo) aquí lo tenemos nosotros. Además, por alguna razón que no comprendo, dentro de eso resulta que el nombre "Raúl" les parece especialmente guay.
Y aquí tenéis lo que me dijo el japonés por SMS:
¿Puedes escribirme cuando acabe el partido? Necesito que me ayudes a descargar software ilegal.
Mil y una veces hemos visto a esos tipos grandotes, con casco y armadura pasándose un balón puntiagudo. Hasta les hemos confundido con jugadores de rugby (será por la forma del balón porque como deportes se parecen lo que un huevo a una castaña). Pero sólo cuando has llegado aquí puedes entender lo que significa esto, el verdadero rey de los deportes americanos. Ni el baloncesto, ni el béisbol, ni por supuesto el hockey. El cada fin de semana el país gira en torno al fútbol (americano claro).
Y no hablo sólo de la NFL, es que hay equipos universitarios que juntan a todavía más personas que algunos de la máxima categoría. De hecho, encuentro en la Wikipedia que el mayor estadio de fútbol americano es el Beaver Stadium, perteneciente a la Universidad de Pensilvania con capacidad para más de 107.000 espectadores (!!!!).
Esta escuela ni se acerca a esos números. Nuestro equipo se encuentra en la tercera división, pero eso no impidió que ayer nos juntásemos seguro que más de 1000 personas (hablo totalmente a ojo) para ver el partido de 'Homecoming', la fiesta de la Universidad en la que vuelven por un día los alumnos que ya se graduaron. Entenderéis que si en Salamanca, para los partidos de rugby, sólo conseguimos atraer a los amiguetes, esto me alucine.
El caso, es que aun siendo una escuela pequeña y en una categoría de bajo nivel, la experiencia del partido de fútbol es única. De ella me quedo con dos cosas que ayudaron a darle ambiente a este partiducho. Primero la banda. Sencillamente genial, llenan de ambiente algo que de otra manera sería un partido intrascendente, con version incluida de alguna canción que no esperarías en una banda como esta:
Y segundo las animadoras. Y no por lo que algunos podéis estar pensando pillines, sino porque es uno de esos clichés que nos han metido los americanos en sus películas y de pronto te das cuenta de que tantas películas no han sido suficientes para formarte una idea de lo que son de verdad. Las animadoras, para que os hagáis una idea, son como un equipo lleno de esas chicas guapas y elegantes que acompañan al mago durante su espectáculo. No importa que el otro equipo nos estuviese dando una paliza. Ellas ahí estuvieron, en formación, como las véis en la foto, aguantando el frío que hacía. De vez en cuando se giraban hacia el público para cantar alguna rima de esas para animar, sin muchos execesos, nada de saltos imposibles y volteretas, lo importante era hacer gritar al público también. Y una vez conseguido, aplausos, más sonrisas y señalar al campo, en el que perdíamos 17-0 como quien enseña una caja de la que acaba de desaparecer un elefante. Así son por aquí. No dejes que el resultado sea la excusa para no pasártelo bien.
Se va a convertir en el eslogan de este blog pero es que tiene que haber de tó´. Si el notición del día es la concesión del premio nobel de la paz a Barack Obama, convirtiéndose así en el tercer presidente americano que lo consigue estando en el cargo, parece que no a todos les ha hecho la misma ilusión.
Curioseando para ver cómo presentaba la noticia uno de los medios más conservadores de este país, me he encontrado con este artículo: How to win the Nobel Prize in 12 days. Según ellos, como los candidatos al premio se decidieron en febrero, cuando Obama llevaba sólo doce días en el cargo, con eso basta para ganar un premio. Nada cuenta ese espíritu de fé en el cambio que trajo su campaña a Estados Unidos y a parte del extranjero. Y por supuesto tampoco cuenta lo que ha hecho en estos meses, que es lo que seguramente haya decidido la votación. Os recomiendo que leais el resumen de esos doce días, que tiene peras como: "20 de enero: jura como presidente y se va de fiesta", "25 de enero: no fue a la iglesia" o "31 de enero: se toma el día libre." Da para echarse unas buenas risas.
Aunque sin lugar a dudas, la perla del día es esta otra frase, que aparece un poco antes:
Over the last decade the only requirement to win the prize was that the nominee had to be critical of George W. Bush (see Al Gore, Mohamed El Baradei and Jimmy Carter).
Durante la última década, el único requisito para ganar el premio ha sido que el candidato fuera crítico con George W. Bush (veáse Al Gore, Mohamed El Baradei y Jimmy Carter).
Por aquí ya empezamos a tenernos el pitorreo de que "ja ja, los americanos lo hacen todo al revés." Y es que, bueno, lo de escribir las fechas al reves y poner primero el mes y luego el día puede llegar a ser hasta divertido, lioso pero divertido a fin de cuentas. Pero atención al horario de exámenes finales que me han dado hoy.
Posiblemente se te haya quedado la misma cara que a mí, y es que a mí también han tenido que explicarme como funciona lo que a priori puede parecer una sencilla e inocente tabla de doble entrada. Porque la dificultad de nuevo está en... ¡Efectivamente! Hacer las cosas al revés. Si normalmente en una tabla de doble entrada cruzamos una fila y una columna según la información de sus cabeceras para llegar a una celda en particular, aquí hay que hacer lo contrario, buscar la celda que te corresponde entre todo ese jaleo y una vez encontrada ver qué te dicen las cabeceras de celda y columna.
En este caso, si quiero saber qué día y hora tengo un determinado examen, tengo que empezar pensando cuándo tengo la primera clase de la semana. Si, por ejemplo, es los lunes a las 9 de la mañana, el siguiente paso es (1)buscar esa celda en la tabla (¡atención! que las celdas no están ordenadas). Y ahora sí, una vez localizada la celda en cuestión (2) vamos a la primera fila para fila para concer la hora y a la primera columna para conocer el día. Y de esta manera tan sencilla podemos reservar el 10 de diciembre de 10:15 a 12:15 para hacer nuestro examen.
Aunque el caso es que pensándolo dos veces y ahora mientras escribo esto me doy cuenta de que no es tan diferente de los horarios que estamos acostumbrados pero el simple hecho de que hayan cambiado de posición los días y las horas me ha descolocado tanto que he sentido la necesidad de contároslo.
Los americanos pueden ser curiosos hasta en la manera en que utilizan el dinero. Primero: Les encanta usar tarjeta. El café que me tomo en el campus me cuesta $1.85 y no me ponen ningún problema para pagarlo con tarjeta. ¿Os imagináis la cara que me pondrían en España si quiero pagar el café y el pincho de media mañana con la Visa? Hasta tal punto les gusta, que si pago diez dólares de compra en el supermercado con tarjeta me preguntan si además quiero $20 o $40 de efectivo (lo cual está muy bien para ahorrarte la comisión si no tienes un cajero de tu banco a mano).
Pero donde los dólares empiezan de verdad a comerme la moral es con el dinero en efectivo. Y la culpa de todo la tiene el famosísimo, casi icónico, billete de un dólar. Para el que no esté al tanto del cambio, eso ahora mismo son apenas 70 céntimos de euro. Eso lo convierte en la última pieza de dinero con un valor significativamente útil. Por debajo de eso lo que tienes son monedas de cuarto de dólar, de diez céntimos, de cinco y de uno, o sea, chatarra. Pero es que la chatarra americana no es como la europea. En España, cuando te devuelven céntimos, van a parar al monedero de tu cartera, junto con las monedas de uno y dos euros. Será psicológico, algunos diréis que incluso estoy tarado, pero lo que consigues con eso es que para pagar algo como lo de antes, de 1,85 te puedas parar a buscar en el bolsillo de las monedas a ver si puedes darle justo, o a ver cómo te deshaces de toda esa chatarra. Pero cuando esa moneda no existe, ¿que haces? Pues abres la cartera por donde los billetes, echas mano de un par de dólares y ala, quince céntimos que solo sirven para hacer peso.
Hasta las máquinas de refrescos aceptan billetes. Y la única ocasión en que necesito monedas sí o sí, para hacer la colada, solo admite cuartos, lo único mínimamente usable por debajo del billete de dólar. ¿Qué pasa si no tienes dónde cambiar? Que no tienes ropa limpia. Eso sí, tengas cambio o no, lo que vas a tener de todas formas es un kilo de chatarra en el bolsillo, en la cartera o en un cajón. Tú eliges.